Un depredador entre las páginas de los cómics

Historietas, dibujos y creatividad son términos e ideas que no parecen conjugar con Pedro Delgado. Irónicamente, es ilustrador profesional, aunque ahora se está alejando un poco más de esta rama de especialización, pero también es dibujante de cómics.

Pedro, cuyo alter ego en deviantART es GreatLP, da la sensación de estar siempre alerta, oteando su alrededor a la espera de algo imprevisto, como un tigre al acecho. Este joven dibujante, que anda en la veintena larga, es un tigre de ciudad. Cara ancha y marcada, ojos verdes, profundos, acostumbrados a desentrañar personas con una mirada. Desde ellos se desciende, a través de una nariz afilada, hasta los labios finos que acompañan a una lengua sin complejos, que dice las cosas como son. Las ropas oscuras, pantalones holgados con camisetas algo ajustadas, y lo mejor, su pelo azul. Con él te olvidas del piercing que lleva en la ceja izquierda.

La curiosidad hace que uno se pregunte qué podría llevar a este tipo de depredador humano, cazador nato, a convertirse en un dibujante. ¿Acaso un capricho o una moda? Pedro tiene las ideas claras: no es algo que aparezca de la noche a la mañana. “El arte siempre ha estado ahí para ti”, dice, “si lo sientes, lo expresas”. La idea de que fuera un capricho se desmorona conforme habla de lo que conlleva ser dibujante, de la familia y los amigos que se deben ir dejando atrás. Comenta con ironía que “creo que piensan que soy un completo perdedor y que debería centrarme en una vida normal, con novia, churumbeles y casita bonita con valla blanca. Y un labrador, blanco también”.

Desde que empieza a hablar, Pedro muestra su naturaleza irónica y la seguridad en sí mismo que transmite con su presencia, y que deviene en una personalidad fuerte y obstinada. Algo que ha debido de ayudarle a decantarse por la vida de artista. El mundo del cómic y la ilustración está lleno de baches, sobre todo los del dinero: se cobra poco y tarde, asegura Pedro, y añade que “es una vida muy tercer mundista, llena de sacrificios y de cosas que, has de asumirlo, no te puedes permitir”. Con ese punto ácido con el que remata sus frases, cuenta que ahora se mantiene mejor porque compagina el dibujo con el diseño gráfico y las clases y los cursos, como el que hace poco ha impartido en Málaga.

Burnin’ Flamez, su estudio, sale a relucir. Comenzó como una escuela pero al final se convirtió en un estudio, una decisión de la que Pedro habla como si fuera la conclusión más lógica. “No puedes estudiar eternamente, hay que poner en práctica esos conocimientos”, aclara con una sencillez que hace creer que poner en marcha el estudio debió de ser la cosa más sencilla del mundo, pero confiesa que “todos siempre lo hemos tenido muy claro, sólo era cuestión de ponerse de acuerdo a la hora de expresar lo que hacemos”.

Aunque él mismo comenta que fue un reto, también habla de lo que supone trabajar para grandes empresas, ya que lo realmente importante es lo que no se puede hacer. Destaca la necesidad de respetar unas bases ya establecidas, como cuando dio vida a la mascota de DeviantART, “quizá lo más difícil que he podido hacer, porque es demasiado sencilla, y hay que expresar mucho con muy poco”. También confiesa que “ha sido muy complejo rediseñar los personajes de Casper para los tiempos actuales también… ¡los viejunos me odian!”.

Hablar de cómics con un ilustrador presenta una duda: ¿qué se prefiere, ilustraciones o cómics? Aunque ha trabajado en varios cómics, como la nueva línea de Casper o A Por Ellos, una historieta dedicada a la selección española de fútbol, Pedro prefiere las ilustraciones, porque “los cómics son demasiado complejos, narrar es muchísimo más complicado de lo que la gente piensa”. De hecho, considera que, “a pesar de que un estilo comiquero es más sencillo visualmente, el modo de componer es infinitamente más complejo; creo que la mayoría de ilustradores estarán de acuerdo en esto, por eso rechazan a menudo trabajar en cómics”.

El estilo de cómic es muy característico en los trabajos de Pedro, aunque sorprende la variedad en las obras que podemos encontrar en su portafolio. Esto se debe, en sus palabras, a que “es fundamental para un artista ser flexible, porque nunca sabes lo que te van a pedir”. Esa flexibilidad se pone a prueba al dibujar para las editoriales, que “suelen dar bastante libertad, pero siempre encuentras alguien que te ata más corto”. “Por supuesto”, aclara, “nunca tendrás tanta como si trabajas para ti mismo, pero eso es bueno, como cuando ves un actor trabajar para diferentes directores; es lo mismo pero diferente”. Pedro destaca las vivencias propias como referencia para el dibujo, aunque admite que hay que investigar para ser fiel a lo que se confecciona, de manera que, “si me piden un póster de un guerrero, puedo tirar más hacia Braveheart, o hacia Conan, dependiendo del personaje que esté haciendo, pero debe quedar épico, integrado en su género.”

Pedro ha dejado en estas líneas una lección de esfuerzo y profesionalidad, de lucha por los sueños propios, a través de lápices, personajes y cuartillas.

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